¿Puedo Cambiar mis Hábitos?

“La posibilidad de cambiar nuestros hábitos depende de la motivación interna y el nivel de compromiso que se adquiere ante la necesidad de realizar ajustes a nuestra manera de comportarnos”

Un hábito es una conducta o comportamiento que se repite de manera rutinaria y que se vuelve natural para quien la ejerce, otra característica que determina la presencia de este es que la acción obedece a un aprendizaje y no a una situación innata. Muchas veces estos comportamientos son casi inconscientes y requieren muy poco raciocinio, forman parte de la persona y esta no los cuestiona mientras no provoquen algún problema para el sujeto. Los hábitos pueden determinar el que una persona logre o no la realización de una tarea o proyecto debido a que existen hábitos positivos y que orientan a una conducta productiva como la puntualidad, la limpieza, el orden, y muchos otros mas, y existen hábitos que dificultan la productividad y la calidad, como las adicciones, la mala alimentación, el sedentarismo, etc.

La necesidad de cambiar y ajustarnos a las exigencias sociales y laborales para mantenernos competitivos, vigentes y conservar lo que hemos logrado requiere que continuamente adaptemos nuestra conducta a diversas circunstancias y es en este contexto donde requerimos modificar algunos de nuestros hábitos sobre todo cuando son negativos y afectan la capacidad de desempeño o afectan nuestra imagen a nivel interpersonal, aquí es cuando se pondrá a prueba nuestra motivación real y la cantidad de fortaleza interior para sostener el proceso de cambio requerido. Nuestra conducta es el resultado de múltiples factores entre los que podemos considerar el aprendizaje como central cuando adquirimos nuevas formas de interacción. La manera en que cada uno de nosotros ha aprendido a satisfacer necesidades básicas como alimentarse, asearse, dormir, etc. Implica una serie de conductas de ensayo y error para al fin lograr incorporar una manera de hacer las cosas, y esto va condicionando una estilo de comportamiento para resolver alguna situación, el cual después de varias repeticiones se transforma en un habito, y si no es cuestionado se asimila como la manera de funcionamiento natural. El desafío surge cuando la necesidad de modificar estos hábitos confronta a quien lo adquirió, y más cuando los hábitos están profunda mente arraigados y sor muy antiguos, tienen muchos años en la conducta de las personas algunos son el sello característico y forman parte de su identidad como la hora de levantarse, la hora de comer, el tomar ciertos alimentos o bebidas, la forma de vestirse, etc. Así que cambiarlos producirá un serio conflicto, los seres humanos tenemos una gran resistencia a que las cosas cambien, la mayor parte de nuestra conducta está motivada por la necesidad de mantener un control y evitar que las cosas se modifiquen, los cambios requieren ajustes e implican esfuerzos, es mas cómodo no batallar y mantener un equilibrio aparente. Existen otros hábitos de reciente adquisición los cuales no es tan difícil modificar, y tienen que ver con lo que la publicidad nos indica que sería lo adecuado para nuestro diario funcionamiento, por medio de los mensajes que recibimos todos los días en los medios masivos de comunicación se va moldeando un estilo de vida que fortalece una serie de hábitos principalmente del uso de productos que nos prometen mejorar nuestra imagen y de esta manera ser aceptados socialmente y queridos por las personas que nos rodean. Este tipo de hábitos son más fáciles de cambiar, de hecho la publicidad va facilitando su transformación por medio del aprendizaje inconsciente al exponernos a un sin número de estímulos cada día. Al poner atención en lo que hacemos, pensamos y consumimos cada día podremos hacer consciencia de nuestro estilo de vida, podremos cuestionar si lo que hacemos es en realidad una elección consciente o simplemente una conducta ritual izada, habituada y sin sentido. La cual es el resultado de hábitos que a fuerza de repetirlos se han convertido en parte de nuestra identidad. Recordemos que la personalidad se integra y se transforma a lo largo de todo nuestro ciclo vital por medio de las experiencias que tenemos en la interacción con el mundo que nos rodea, y así como esta no permanece estática y tiene plasticidad, podemos aprovechar esta capacidad innata de nuestra ella para saber que es posible modificar en cualquier momento cualquiera de nuestros hábitos si realizamos los pasos adecuados para que se establezca un proceso de transformación que nos ayude a ser mejores. Si queremos cambiar algún aspecto de nuestra forma de comportarnos ya sea dejando o incorporando un habito necesitamos seguir una serie de pasos o etapas que podrían sintetizarse de la siguiente manera: 1 – Definir claramente lo que deseamos modificar, mientras más concreto sea mejor, nuestra mente reacciona a escenarios y a posibilidades que construimos en forma de imágenes cuando empezamos a visualizar una meta u objetivo. El definir el “que queremos” ayuda a focalizar nuestra atención y sobre todo a movilizar recursos internos. Esta parte del proceso se activa con una sensación de incomodidad o de ruptura del equilibrio lo cual nos motiva a buscar lo que necesitamos, es decir a definir un objetivo. 2- Activar y poner en acción conductas concretas que al repetirlas se van transformando poco a poco en parte de nuestra identidad y se incorporan a la conducta diaria, por medio del aprendizaje y la habituación. En esta etapa se desarrollan conexiones a nivel neuronal las cuales facilitan la repetición espontanea y permiten la integración del habito, por esta razón se requiere de un tiempo variable para que se instale un habito, algunos estudios concluyen que se necesita repeticiones diarias durante varias semanas o unos pocos meses, dependiendo de lo que se busca. La repetición es necesaria y al cesarla los hábitos van perdiendo fuerza, por lo que podemos ver que al bajar la motivación y no repetir la conducta los resultados van disminuyendo. Se requiere actualizar y renovar el compromiso de cambio cada día y sostener la imagen de lo que se pretende cambiar o lograr. En esta etapa nuestra mente se encarga de resolver por medio de acciones la dificultad planteada y de ayudarnos a incorporar la nueva conducta. 3- Reflexionar y poner atención a las conductas que sabotean el cambio, es común que en cierto punto de estos procesos sobre todo al lograr algunos cambios, aparezca la resistencia a seguir más allá o que la motivación empiece a decaer. Aquí es donde el poder de la visualización, de la meditación, ayudan a desarrollar la fortaleza mental para seguir adelante, cuando podemos ver una meta o un objetivo que nos ilusionan y realmente estamos comprometidos podemos seguir adelante y saborear el logro. “Quien tiene un que, puede confiar en que el cómo no será problema.”


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