¿Puede un solo Padre criar hijos emocionalmente sanos?

¿Dónde Aprendimos a criar a nuestros hijos? Con nuestros padres. Y además la cultura y la sociedad nos definen un rol que en el caso del hombre no alienta el involucramiento afectivo con los hijos.

La crianza de los hijos es una labor que idealmente se realiza en una familia integra y funcional. Como padres tenemos la necesidad de construir un ambiente en el cual nuestros hijos puedan desarrollar lo mejor de ellos. Buscamos protegerlos y mantenerlos en un ambiente de seguridad, confianza y bienestar emocional que facilite su lucha diaria por desarrollarse y los estimule a independizarse en la medida que se van convirtiendo en personas integras con una identidad clara y capacidad de enamorarse de un proyecto de vida el cual algún día se materializara. Nuestro papel es acompañarlos, aceptarlos y apoyarlos con afecto incondicional. Siendo testigos de la maravillosa transformación que ocurre ante nuestros ojos, nuestros hijos crecen y algún día ellos también serán padres y también se maravillaran al ser testigos de su propia transformación.

Cada uno de los padres tenemos una función complementaria y contribuimos con ella al desarrollo de nuestros hijos. Es tan importante el papel de un padre como el de una madre en la crianza de los hijos; nunca será igual la falta de alguno de ellos durante el crecimiento que la presencia intacta de ambos. Sin embargo por múltiples factores puede ocurrir que alguno no este presente emocional o físicamente, especialmente la madre y el cuestionamiento que surge es, ¿Que impacto tendrá esto en la personalidad del niño? ¿Podrá un padre en nuestra sociedad y cultura ser capaz de criar emocionalmente sano a un hijo? ¿Un hombre esta capacitado biológica y emocionalmente para criar a un hijo sin la presencia de su pareja? La respuesta a estas y otras preguntas generadas por este tipo de situaciones son muy complejas y con una multitud de variantes, en un espacio reducido no es posible agotar el tema, lo que si puede hacerse es motivarnos a reflexionar sobre el papel del hombre en la crianza de los hijos y cuestionar a la sociedad y a nuestra cultura sobre el rol que estas le asignan.


Para los hombres es cómodo, limitarnos a sostener económicamente el hogar y evitar involucrarnos emocionalmente en lo que ocurre con nuestros hijos durante su desarrollo, cuando lo hacemos tenemos la gran oportunidad de descubrir un mundo que nos permite acercarnos a el corazón de nuestros hijos y de expandir nuestra consciencia masculina. Afortunadamente cada día mas hombres estamos comprometidos y deseosos de aprender a ser mejores padres, y los mitos culturales y sociales en torno al papel del hombre como único proveedor van perdiendo fuerza, la familia funcional es aquella donde ambos se complementan y participan con flexibilidad en la crianza de los hijos.


Cuando el padre logra una relación empática con su hijo, el niño se sentirá entendido, lo cual es un requerimiento importante en el desarrollo para generar una sensación saludable de su self. En forma instintiva los niños buscan ser validados para comprender sus emociones y su sentido de identidad. Es posible tener una relación basada en autenticidad cuando admitimos nuestras imperfecciones. Los niños son lastimados emocionalmente cuando se sienten rechazados o incomprendidos. Estas son heridas que afectan su sentido de identidad. Además interfieren con el aprendizaje de cómo tener intimidad e independencia. Cuando los niños son continuamente lastimados porque las personas en su mundo no entienden sus emociones y necesidades, tendrán en un futuro muchas dificultades para cuidarse al establecer relaciones afectivas y de intimidad. Los niños que no tienen una relación empática con su padre generalmente están enojados, resentidos y demandan atención constante.


La ansiedad surge cuando no somos capaces de conocer y entender el mundo en el que nos encontramos, cuando no somos capaces de orientarnos en nuestra existencia.


Los niños pueden ser lastimados en una familia tradicional e intacta y también pueden ser lastimados en una familia donde falta el padre o la madre, de igual manera los niños pueden ser sanos emocionalmente en ambos tipos de estructura familiar.


Los niños serán emocionalmente saludables en la medida que el padre sea capaz de mantener su empatía y confianza como ingredientes de la relación.


Los padres podemos aprender a relacionarnos más efectivamente con nuestros hijos e interrumpir las herencias emocionales negativas que cargamos de la sociedad, la cultura y la familia. La vida es un proceso en movimiento continuo, cambiante y fugaz, que nos brinda la oportunidad de aprender y retomar el camino hacia nuestro desarrollo interior y así ofrecer relaciones de más calidad para nuestros hijos.

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